miércoles, 16 de octubre de 2013

Mañana con orquesta...





Las flamas de la vergüenza, en cadena cíclica, han quemado mi consciencia.
Desprovista de maneras correctas para amar, vertí la espina de mi cuello en tu espalda,
y así, juntos y distantes, por la mañana acompañamos al silencio;
cada uno murmurando plegarias de dolor pasional, de vana miseria.

¿Por qué el baile de nuestro aliento es tan fugaz? me pregunté, del tiempo consternada;
¿por qué la vida impregna de injusticia a los amorosos juegos del placer, cuando abandonamos la forma única, perfecta?

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