Pero yo quería
formar un universo lírico en el cual sólo los dos domináramos los renglones en
blanco, donde cada uno lograra emerger -de forma tempestuosa- como tinta
indeleble y transgredir los espacios…Recordándolo, comprendo que esta acción
resultaría algo esquizofrénica, inadecuada para mi universo infestado por
demonios. Ahora, me conformo con saber que cada uno, en nuestro particular
lienzo, hacemos y deshacemos de manera desinteresada nuevas estructuras: sin fórmulas
poéticas, sin discursos que intentan encuadrarnos en una historia imaginaria,
alejadas de retóricas antiguas.
Me despido con puntos suspensivos, así parto a mi hoja en blanco.

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