martes, 25 de junio de 2013

Pólvora



Pólvora, despide tu ausencia.
Incendia violentamente
el lúgubre espacio de la conciencia.
Después, con la frialdad más terrible,
susurra el aliento realista.

Me habla del patetismo
de querer lo que no existe,
de evoca imágenes fantasmagóricas
que sólo entorpecen la vida.

Insulta la melancolía que antaño
ha coronado mis pasos.
La califica de pusilánime, frágil, boba.

En fin, hasta al más mínimo sueño
lo despoja de los sublimes lazos
que permiten la unión de la carne -que yace en la alcoba-
con su contraparte mística.

Asi se tiñe tú ausencia:
como un claroscuro tornasol;
como una pugna interminable entre contrarios
de la cual resulta vencedora la renuncia
a la falsa idea de ambos.