Pólvora, despide tu
ausencia.
Incendia
violentamente
el lúgubre espacio de
la conciencia.
Después, con la
frialdad más terrible,
susurra el aliento realista.
Me habla del
patetismo
de querer lo que no
existe,
de evoca imágenes
fantasmagóricas
que sólo entorpecen
la vida.
Insulta la melancolía
que antaño
ha coronado mis
pasos.
La califica de
pusilánime, frágil, boba.
En fin, hasta al más
mínimo sueño
lo despoja de los
sublimes lazos
que permiten la unión
de la carne -que yace en la alcoba-
con su contraparte mística.
Asi se tiñe tú
ausencia:
como un claroscuro tornasol;
como una pugna
interminable entre contrarios
de la cual resulta
vencedora la renuncia
a la falsa idea de
ambos.