miércoles, 16 de octubre de 2013

Érase yo, y una vez.



Frente a la voluptuosidad acuática rememoramos las vidas inconclusas, los instantes fragmentados; compartimos la cotidianidad que fue con el sabor de los placeres, con muestras de amor escondidas en las paredes de la vida amarga. Tus silencios nos sonríen, nos envuelven. Me das la mano como gesto de aceptación. Perdonas la distancia que a diario nos humilla besando mis manos siempre frías, ausentes de ti. Construimos fortalezas, ciudades, civilizaciones para simular lo que pudimos ser, lo que no somos ya. De pronto, con profunda violencia, la realidad empieza a ocupar todos los espacios, nuestro reino se derrumba y tú, ahogado por mis lágrimas, desaparees, te esfumas para siempre.


Haz sido víctima del recuerdo, de la miserable soledad que diariamente te reinventa. No hay mejor manera para revivir tu ausencia que observar el vaivén de las inmensas olas del mar

Errada

 
Surge, la llama detrás del metal.
Después, un grito furioso atormenta,
quema los párpados soñolientos del pobre animal
y este, al pasa un momento, emprende el vuelo.

Desde lo alto, aún escucha el gemir de los muros;
todos como uno solo, berrean lo siguiente:
"Recuerda que la habitación permanece vacía,
que la mancha grisácea, producto de la invocación,
expresa mayor vitalidad que tu presente".

Mañana con orquesta...





Las flamas de la vergüenza, en cadena cíclica, han quemado mi consciencia.
Desprovista de maneras correctas para amar, vertí la espina de mi cuello en tu espalda,
y así, juntos y distantes, por la mañana acompañamos al silencio;
cada uno murmurando plegarias de dolor pasional, de vana miseria.

¿Por qué el baile de nuestro aliento es tan fugaz? me pregunté, del tiempo consternada;
¿por qué la vida impregna de injusticia a los amorosos juegos del placer, cuando abandonamos la forma única, perfecta?

A dotted line





Pero yo quería formar un universo lírico en el cual sólo los dos domináramos los renglones en blanco, donde cada uno lograra emerger -de forma tempestuosa- como tinta indeleble y transgredir los espacios…Recordándolo, comprendo que esta acción resultaría algo esquizofrénica, inadecuada para mi universo infestado por demonios. Ahora, me conformo con saber que cada uno, en nuestro particular lienzo, hacemos y deshacemos de manera desinteresada nuevas estructuras: sin fórmulas poéticas, sin discursos que intentan encuadrarnos en una historia imaginaria, alejadas de retóricas antiguas.

Me despido con puntos suspensivos, así parto a mi hoja en blanco.