Frente a la voluptuosidad acuática rememoramos las vidas inconclusas,
los instantes fragmentados; compartimos la cotidianidad que fue con el
sabor de los placeres, con muestras de amor escondidas en las paredes de
la vida amarga. Tus silencios nos sonríen, nos envuelven. Me das la
mano como gesto de aceptación. Perdonas la distancia que a diario nos
humilla besando mis manos siempre frías, ausentes de ti. Construimos
fortalezas, ciudades, civilizaciones para simular lo que pudimos ser, lo
que no somos ya. De pronto, con profunda violencia, la realidad empieza
a ocupar todos los espacios, nuestro reino se derrumba y tú, ahogado
por mis lágrimas, desaparees, te esfumas para siempre.
Haz sido víctima del recuerdo, de la miserable soledad que
diariamente te reinventa. No hay mejor manera para revivir tu ausencia
que observar el vaivén de las inmensas olas del mar


